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Novas Tecnoloxías e profesorado

Historia del blog en la enseñanza


A raíz que Adolfo Stalella me ha pedido un artículo sobre blogs en la enseñanza para Cy P me ha venido la vena histórica y he comenzado a remontarme a los inicios. Puede parecer demasiado "mirarse el ombligo" y, aunque a simple vista no tiene sentido, este recorrido me está permitiendo mirar la tecnología en el contexto y también en el complejo mundo de las decisiones que tomamos los profesores cuando nos diponemos a enseñar. Y esta misma "historia de vida" del blog en la enseñanza, la novela con nombre propio, me ha generado la necesidad de escribir (aunque no tenga el tiempo) porque, se me ocurrió, es el primer lugar donde tengo que plantearlo. Este espacio ha sido el lugar donde he podido compartir con alumnos y colegas las reflexiones más directas y diarias sobre los temas que me preocupan.

Comencé a utilizar blogs en la enseñanza, formalmente en el año 2004. Aunque algún año antes me acerqué a esta idea a partir de colegas iniciaban alguna andadura con ellos en el Academic Technology Specialist Program y que comenzaban a indagar sus posibilidades y limitaciones. En aquella época, Blogger ofrecía una página rudimentaria que se colapsaba a menudo y para poder utilizar Movable Type (el servidor más potente en ese momento) necesitábamos un soporte que un profesor de a pie no tiene. Hemos recorrido un largo camino en estos pocos años.

Quizás pecamos de la inocencia del novato, pero nos lanzamos por el ciberespacio con la ilusión de vernos ahí, de compartir ideas, de expresarnos en diferentes lenguajes… pero sin reconocer su verdadero significado. El comienzo fue el blog del profesor, con temas y comentarios para compartir entre todos. A pesar de que en la asignatura ya teníamos un CMS funcionando en donde se trabajaba con herramientas de comunicación internas (foros, chats y correo); la bitácora del profesor era un punto de encuentro, al mismo tiempo que propio, público. Fue lanzarse al ciberespacio y con esto, reiniciar aquellas posibilidades que daba las webs de profesores (hoy prácticamente abandonadas sin actualizar). Era apostar por participar en la red con la ideología que pretendía una de las culturas de Internet: la de la participación ( aún no conocíamos el nombre de web 2.0). Los alumnos participaban a través de los comentarios y así compartían ideas, imágenes, podían participar otros alumnos, otros profesores. ¡quizás podriamos estar rompiendo la barrera que dice que nadie sabe lo que pasa cuando un profesor cierra la puerta de su aula¡¡¡¡ ¡¡¡Comenzar a transparentar los procesos¡¡¡

Al año siguiente, nos tiramos a la piscina y comenzamos con los blogs de alumnos y allí pudimos ver a primera consecuencia. (Hay que tirarse a la piscina, pero siempre hay que mirar cual es el nivel de agua que tenemos) Recuerdo el incidente crítico en mis notas de clase. Una alumna, con cara de vértido me dice: si pongo mi nombre en Internet, ¡¡¡¡aparece el blog como primera opción....¡¡¡ ¡¡¡cualquiera puede ver lo que escribo¡¡¡¡

La barrera de lo público produce mareo al principio. La idea de que otros pueden estar mirando lo que haces está cubierta de miedo y ansiedad. Primera cuestión a trabajar: qué escribo, qué puedo escribir, qué quiere usted que escribamos, qué me conviene escribir, qué es políticamente correcto.... Una vez instalado esto, la institución ha entrado con toda su fuerza y normatiza. Aunque nos quisimos sentir libres al inicio, la mirada del otro nos fue devolviendo a una realidad. El contexto de enseñanza, en nuestro caso, la universidad signa cualquier proceso. A partir de ahi, se fue transformando en un desafío creativo la necesidad de romper por lo menos algunos límites. Y, aunque sabíamos con certeza que, por ejemplo, la evaluación estaba signando todo el proceso, por lo menos le permitiese al alumno un margen de descubrimiento, de mostrarse como es, con lo que es, con lo que siente, lo que piensa, de mostrarse como persona.

¿Podríamos los profesores mostrarnos también asi?

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3 comentarios

Aida Ivars Rodríguez -

Hola Adriana,

Creo que todos los docentes deberíamos tener un blog. Un lugar en el que reflexionar abiertamente sobre los procesos, sobre las evaluaciones,... pero también sobre nuestro contexto, sobre nuestras ataduras, sobre nuestras ilusiones... Son muchas las ideas que podemos compartir con otros compañeros y también muchas las emociones que se ponen en juego cada día.

Yo he aprendido mucho de otros compañeros. Quizá no les he dedicado todos los comentarios que se merecen, porque suelo volar por el Reader, y sólo cuando salta la chispa me detengo a escribir. He leído a compañeros ilusionados que se sentían ahogados por sus compañeros del centro. Y leo a compañeros que encuentran en sus aulas lo que buscan, bien porque el contexto se lo permite, bien porque general el contexto que necesitan... o porque no miran al contexto a los ojos, y ojos que no ven corazón que no siente.

El blog en el aula es una herramienta que te permite llegar a los alumnos, siempre que tú te abras a ellos también e intentes dejar de juzgar para compartir y acompañar. Respondiendo a la pregunta que dejas abierta, yo digo que sí deberíamos de mostrarnos como somos. Siempre. Incluso cuando nos equivoquemos, cuando juzguemos mal o tomemos una mala decisión: sólo mostrándonos tendremos la oportunidad de reflexionar abiertamente sobre lo que hacemos.

Un saludo :-)

Adriana -

Gracias por el comentario Martín y enhorabuena por formar parte del grupo de profesores/as que se animan a arriesgarse. Sin ellos no podríamos avanzar.
Un abrazo y hasta pronto
Adriana

Martín -

Profesora -empiezo de este modo porque tuve la oportunidad de cursar el semiario que dictó en Argentina (Córdoba)de TIC y Educación en la maestría en Pedagogía en el 2006- soy uno de los tantos estudiantes que tuvo acceso al uso de los blogs a partir de su decisión de usarlos desde 2004.
Entonces aprovecho esta breve historia que ha compartido -y no con tono complaciente- para manifestarle que su propuesta me invitó a "tirarme a la piscina" también... Y así experiementar los niveles de agua con los que me encontré...
Pero también descubrí que la piscina se construye, se fabrica: su profundidad, sus dimensiones, la calidad del agua, sus habitantes, los aprovechamientos accesorios o nodales de la misma...
Por ello, con este comentario pongo en valor las apuestas que hacemos en el acto de educar que hacemos los docentes... Pues no sabemos "a qué piscinas nos arrojamos"... Pero nos arrojamos... Tal vez es un acto de confianza o de locura... una mezcla de ambos tal vez... Pero sin esos actos muchos nos quedaríamos sin la experiencia del chapuzón. ¿Y cuál es la experiencia de la piscina posible privada de los chapuzones?
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